jueves, 19 de abril de 2012

Grandes y chicos, público en general, solo o en familia, en compañía de un padre, una madre, un tío, un tutor o encargado y hasta una mucama.
¿Quién no lo visitó alguna vez?

Silencio.

Mañana de sol, Veinte retoños, maestra, sanguchito y cantimplora y noventa minutos de chofer apure ese motor de Adrogué a Palermo.
Cual pétreo guardián del universo, ...un meteorito (otrora temerario guerrero sideral) franquea el acceso y nos da su resignada y gélida bienvenida.
Cuarenta bracitos se estiran para tocarlo, con la secreta ilusión de heredar algún oculto super-poder alienígena.

Lo peor no fue que esa mañana el planetario estuviera cerrado.
Desencanto general momentáneo y duda.
Notables, sin embargo, la velocidad resolutiva del líder y el alto espíritu del grupo.

Maestra: -¡No importa, chicos, hagamos un picnic!-
Chicos: -¡Siiiiiii!-

Vaya y pase, si al menos no nos hubiésemos comido los sanguchitos en el viaje.

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