Sin embargo cada mañana, aunque construí con esfuerzo una realidad más habitable, mas sana que la que forjó mi carácter, el espejo me devuelve un detallado c...atálogo de heridas abiertas y mezquindades pasadas -propias y ajenas- algunos recuerdos vívidos y cercanos, otros difusos y lejanos.
Como una mano que ahuyenta las moscas, el agua helada en la cara ayuda a disipar temporalmente los fantasmas el tiempo suficiente como para acabar de cepillarme los dientes y salir a vivir otro día.
Funcioné así hasta ahora.
Pero sucede que tengo (todos tenemos) una suerte de esfínter psíquico que mantiene a raya el rejunte de negrura que llevo dentro, una maraña indescifrable, una bola de pelos de sumidero, cuya existencia me empeño en negar sistemáticamente. Tan densa es la maraña que a veces temo sólo haber sorteado casualmente su tremenda fuerza de gravedad, pero que acabaré siendo engullido tarde o temprano.
El problema real con este esfínter es que en algún momento de nuestra vida empieza (por puro envejecimiento) a ceder, y va dejando escapar pequeñas o grandes oleadas de porquería corrosiva, y lo hace cada vez con mayor frecuencia, empezando a roer, contaminar y sabotear todo: vida, alma y cuerpo.
Habrá cuerpos o esfínteres más resistentes, otros menos, pero lo cierto es que a esta altura no hay parche que soporte, y que eso que está ahí debe salir.
Me veo en la emergencia de transitar un camino, uno solo, oscuro y sin fin, como el de alguna película de terror.
Como una mano que ahuyenta las moscas, el agua helada en la cara ayuda a disipar temporalmente los fantasmas el tiempo suficiente como para acabar de cepillarme los dientes y salir a vivir otro día.
Funcioné así hasta ahora.
Pero sucede que tengo (todos tenemos) una suerte de esfínter psíquico que mantiene a raya el rejunte de negrura que llevo dentro, una maraña indescifrable, una bola de pelos de sumidero, cuya existencia me empeño en negar sistemáticamente. Tan densa es la maraña que a veces temo sólo haber sorteado casualmente su tremenda fuerza de gravedad, pero que acabaré siendo engullido tarde o temprano.
El problema real con este esfínter es que en algún momento de nuestra vida empieza (por puro envejecimiento) a ceder, y va dejando escapar pequeñas o grandes oleadas de porquería corrosiva, y lo hace cada vez con mayor frecuencia, empezando a roer, contaminar y sabotear todo: vida, alma y cuerpo.
Habrá cuerpos o esfínteres más resistentes, otros menos, pero lo cierto es que a esta altura no hay parche que soporte, y que eso que está ahí debe salir.
Me veo en la emergencia de transitar un camino, uno solo, oscuro y sin fin, como el de alguna película de terror.
No hay comentarios:
Publicar un comentario